viernes, 26 de febrero de 2010

EN EL IR Y VENIR DE MIS SUEÑOS

Imagen de Wikipedia.
El Sueño, de Pierre-Cécile Puvis
de Chavannes.





Hoy, sin saber cómo,
me he dado cuenta de que,
cuando estoy durmiendo,
mis sueños salen a hurtadillas
de mi habitación;

y se van a paisajes lejanos
en un ir y venir instantáneos,
y se van al ayer que pasó
o al futuro que habrá de llegar;

y a las puertas del cielo estuvieron
pero no entraron dentro,
mas no fue por ser malos,
ni por no ir de parte del Papa de Roma
o del cura del pueblo,
sino porque aún no había llegado su tiempo.

Y en el túnel que lleva al infierno
vieron que el diablo había perdido
el rabo y los cuernos.

Y detrás de una alta montaña
que hay en el Tíbet
a Sambalah intuyeron.

Y estuvieron hurgando en un charco de ranas
donde el fango no dejaba ver nada,
y en un río revuelto echaron anzuelos
por ver si algo pescaban,
pero se percataron de que hay gente
que pesca con redes y no dejan nada.

Y en su ir y venir del ayer al mañana,
en un nido que había en el árbol del bien y del mal,
encontraron un huevo,
mas no saben si era ave o reptil
lo que había allí adentro.

Y en el mar de las dudas,
donde todo está a oscuras,
comentaban que vieron,
a la luz de las velas de todos los barcos,
que las cuestiones del todo y la nada
están tan ocultas que nada se ve;
y que detrás de los arcos
que protegen las estancias
donde habita el poder,
hay un no sé qué y un qué sé yo
que conviene descubrir lo que es.

Y estuvieron buscando caminos
con quienes mendigan
en la esquina del tiempo perdido,
asumiendo y rumiando el pasado,
mientras llega el incierto futuro.

E incluso estuvieron en la noria del tiempo
contando las horas a jornada completa,
y fueron silenciosos testigos
de que el rey de los Hunos
no era peor que los reyes de otros.

Y en los largos viajes que han hecho,
una vez escucharon y vieron
a la Osa Mayor que a la Osa Menor
le contaba un gran cuento,
mientras ésta se quedaba dormida
en los amplios brazos del cielo,
y el Lucero del Alba velaba sus sueños.

Y una tarde cualquiera
de un día de junio,
de no sé qué año,
en un cielo azul transparente
con Juan Salvador Gaviota
rizaron el rizo en un vuelo perfecto
en mitad de una siesta.

Y es que a mis sueños
les gusta salir, mientras duermo, de fiesta,
pero siempre me queda el consuelo
de que cuando me despierto
están siempre de vuelta.

Impersonem